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Introducción

Hoy continuamos con la segunda parte de una enseñanza poderosa basada en solo dos versículos, pero con un impacto eterno. Hablamos de Sama, un hombre que se paró firme a defender un simple terreno de lentejas. Lo que parecía insignificante, se convirtió en escenario de una gran victoria, porque cuando Dios entrega algo, por pequeño que parezca, vale la pena pelearlo.

Determinación que activa el cielo

Sama se quedó solo. El pueblo huyó, pero él se paró en medio del campo y peleó. No lo hizo por el valor del terreno, sino por quién se lo había entregado. Así también, en nuestra vida hay cosas pequeñas —responsabilidades, llamados, personas— que deben ser defendidas con valentía, porque Dios nos las confió.

Vimos siete razones por las que Sama peleó su batalla:

  1. Porque lo que viene de Dios tiene valor eterno.
  2. Porque un día daremos cuenta por todo lo que se nos fue entregado.
  3.  Porque si le das espacio al enemigo, él tomará el control.
  4. Porque siempre hay alguien observando nuestra reacción.
  5. Porque cuando tú no te mueves, el cielo se mueve a tu favor.
  6. Porque donde otros huyen, los valientes se quedan.
  7. Porque cada acción en fe deja huella en la eternidad.

Sama se convirtió en símbolo de valentía. Peleó en Lehi, el mismo lugar donde Sansón venció a mil hombres. Así como él se inspiró en el pasado, tus hijos y discípulos también se inspirarán en ti.

Mensajes clave
  • No menosprecies lo pequeño cuando Dios lo ha puesto en tus manos.
  • La armadura de Dios no cubre la espalda: no fuiste creado para retroceder.
  • Tus hijos, tus discípulos, tu iglesia… todos te están mirando.
  • La determinación desata provisión, recursos y puertas abiertas desde el cielo.
  • Cada acción obediente puede cambiar el curso de generaciones.
  • Dios honra al valiente que se queda cuando otros se van.
  • Tu fe firme en tiempos difíciles inspira a otros a avanzar sin temor.
Conclusión

Sama no sabía que su historia quedaría escrita en la Biblia. Solo obedeció, se paró firme y peleó. Así también tú y yo debemos vivir: conscientes de que cada decisión en obediencia puede tener repercusiones eternas. No menosprecies lo pequeño. No retrocedas. La armadura de Dios no cubre la espalda, porque fuimos diseñados para avanzar, nunca para rendirnos.

Alguien necesita tu ejemplo. Alguien cobrará ánimo al verte firme. Sé como Sama. Determínate. Lucha. Y deja una marca que inspire a otros a hacer lo mismo.

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